lunes, 27 de mayo de 2013

Fernando Savater - Ética para Amador

Probablemente la mejor manera de entender el éxito de este libro sea recordar las palabras de Joaquín Sabina en una entrevista, cuando comentó que "para que una canción tenga éxito, tiene que tener una buena letra, una melodía bonita, unos buenos arreglos y algo más que nadie sabe lo que es, pero es lo único que realmente importa". Fernando Savater tiene numerosos libros, todos ellos escritos bellamente y con unas ideas atractivas, pero ninguno de los cuales se ha acercado al éxito de este. Quizás el secreto radique en lo íntimo de esa conversación que el escritor mantiene con su hijo a la que al lector solo se le permite asomarse o tal vez sea el tono familiar con el que se transmiten unas enseñanzas sencillas pero profundas.

Sea como sea, se trata de un libro indudablemente atractivo, en el que pasar de una página a otra no solo es un placer, sino que cuando finalmente lo devolvemos al estante nos deja una agradable sensación de fe en el ser humano, en las posibilidades de una vida que con frecuencia no nos decidimos a aprovechar al máximo. Y en estos tiempos en los que el pesimismo parece haberse convertido en el nuevo optimismo, el valor de tal dosis de optimismo y vitalidad es, sin duda, incalculable.

miércoles, 2 de enero de 2013

Cincuenta sombras de Grey: El mashup llega a la literatura

El mashup es un género musical que consiste básicamente en crear una canción combinando elementos de otras dos, normalmente la letra y la melodía de una con el ritmo y los arreglos de otra. Por ejemplo, un famoso mashup mezcla el Can't get you out of my head de Kylie Minogue con el Blue monday de New order.

Con Cincuenta sombras de Grey, E. L. James parece haber trasladado este concepto al terreno literario, ya que la novela viene a ser un mashup de la novela Crepúsculo con los juegos sexuales de Las edades de Lulú, aunque probablemente el referente erótico que haya tomado la autora sea otro. Aparte de los parecidos entre la trama, resulta curiosa la similitud no solo también de personajes y situaciones con la saga crepúsculo, sino también de metáforas, como por ejemplo las continuas alusiones al olor corporal del protagonista, la incapacidad de este para averiguar los pensamientos de ella, etc.


Tal vez sea un efecto del cambio de siglo, pero en estos últimos años la creación de nuevas obras ha perdido importancia en favor de la recreación de obras ya existentes. Tanto en el cine como en la literatura, cada vez nos invaden con más fuerza ya no solo los remakes, sino también las secuelas, precuelas y hasta intercuelas, aunque todavía no se haya acuñado esta palabra, junto a las dos últimas incorporaciones al abanico de maneras posibles prolongar una historia ya existente: las versiones en 3D y los reboots. Tampoco es necesario despreciar esta tendencia, en la que el interés en la novedad carece de tanta importancia como en el preciosismo en los detalles. Menos perdonable resulta otra característica del libro que también parece ser un signo de los tiempos: la tendencia al novelón y a los finales sin conclusión. Tras quinientas cuarenta páginas en las que la historia no acaba de despegar, llega un final abrupto que hace que lo que acabamos de leer parezca más la primera parte de una novela que la novela completa.

Aún así, la novela puede seguir resultando atractiva para quien sepa a lo se expone. La historia logra mantener el interés suficiente para que pasar de una página a otra sea una experiencia agradable si estamos dispuestos a no conceder demasiada importancia a leer una historia ya contada y al número de Uaus (manera eufemística o mal informada de decir Guau en el libro) que hay en cada página. Para quien no sea capaz de desconectar de tal manera o no tenga prisa, será mejor que espere a la película que, invirtiendo el tópico habitual y siguiendo también el signo de los tiempos, probablemente sea mejor que el libro.

domingo, 24 de junio de 2012

Kate Morton - Las horas distantes

Resulta realmente difícil tomar perspectiva ante un libro como «Las horas distantes». La constante búsqueda de giros espectaculares al final de cada capítulo, los ocasionales problemas de ritmo, lo forzado de la trama en ciertos puntos y el estilo narrativo más bien plano remiten directamente a literatura más trivial y perecedera. Y, sin embargo, la curiosa integración de la literatura en el libro, la renovación del novelón victoriano con todas sus consecuencias y varios personajes y escenas sencillamente inolvidables convierten a este libro en toda una experiencia que, si lleva bien el paso de los años, podría convertirse en un clásico.



«Las horas distantes» es, ante todo, una novela romántica, aunque el tratamiento y el ritmo recuerden más a los libros de intriga policiaca. Una vez superadas las primeras páginas y, tras un par de notables baches que invitan seriamente a abandonar la novela, el libro se convierte en un túnel asfixiante pero adictivo que cuesta abandonar antes de llegar a la luz al final. A pesar de su carácter de novela de amor, tal vez los sentimientos mejor descritos en este libro no son necesariamente los románticos, la descripción de las complejas relaciones de amor entre familiares y amigos acaban siendo mucho más convincente y reconfortante que las inevitables relaciones sentimentales, a pesar de algunos brillantes hallazgos en este sentido.

Las cosas no son lo que parecen, se podría resumir el espíritu de este libro, pero dicha afirmación no debe tomarse siempre en un sentido negativo, porque si bien la gente de vez en cuando nos decepciona, esta novela se centra en el aspecto más luminoso, en los sacrificios y las auténticas historias de amor que pueden esconder una pareja banal, un amigo olvidado o una madre indiferente.

Decididamente no es un libro para todos los públicos y, quien no soporte la literatura romántica, debería abstenerse de comenzar este libro, pero para todos quienes lamentan que ya no se escriban libros como «Orgullo y prejuicio», este libro puede ser una grata sorpresa.

jueves, 31 de mayo de 2012

Dean Koontz - Medianoche

«Medianoche» comienza con una encantadora persecución por la playa, en la que el terror resulta tan ochentero que hace pensar que el resto de la lectura será igualmente agradable y poco aterrador. Cuando unas páginas más adelante el protagonista se nos presenta diciendo que solo tiene tres motivos para vivir, a saber, la comida mexicana, la cerveza negra y Goldie Hawn, estas sospechas parecen confirmarse. Pero como en una montaña rusa, este comienzo es solo la breve calma que precede a la auténtica tempestad de terror que nos espera más adelante. Cuando el autor tiene el mal gusto de introducirnos en la mente del monstruo y logra que, a pesar de la repulsión que inspira, también resulte conmovedora su desesperación, empiezas a darte cuenta de que tal vez no se trate de un libro tan ingenuo como pensabas.



A partir de ese momento, la historia se acelera bajo el opresivo y claustrofóbico ambiente de la enloquecida ciudad de provincias donde se desarrolla. No hay apenas resorte de terror al que no se recurra en una historia que, a pesar de los clichés a los que se atiene, transmite una estremecedora sensación de desaliento. El terror por el terror, parece ser el lema de este libro en el que los deseos y los miedos se funden demostrando que, una vez más, un libro no necesita ninguna imagen para emocionar más que la mayoría de las películas.

domingo, 4 de marzo de 2012

David Leavitt - En Maremma


«En Maremma» cuenta las aventuras de una pareja gay (ambos escritores, uno de ellos el autor de «El lenguaje perdido de las grúas») que deciden irse a vivir al sur de la Toscana. Más que una historia propiamente dicha, el libro nos presenta una serie de postales ordenadas más o menos cronológicamente que cuentan diversos aspectos de sus experiencias: la elección de la casa, su amistad con los propietarios de un restaurante cercano, una visita a una feria en un pueblo cercano... historias interesantes y, en ocasiones hasta divertidas, que se beben más que leerse.

A pesar de ser verdaderamente entretenido, es inevitable preguntarse hasta qué punto la Italia que se refleja en este libro es fiel a la realidad. El retrato que hace de los italianos, a los que describe como pasionales, orgullosos, caóticos y ligeramente primitivos, resulta excesivamente superficial. Resulta curioso que en este tipo de literatura, los escritores que describen sus experiencias siempre viajan desde metrópolis de países supuestamente avanzados hasta paisajes rurales de países supuestamente menos desarrollados. En realidad, si hubieran elegido destinos menos rurales y más urbanos, probablemente hubieran encontrado un estilo de vida y unas costumbres mucho más parecidas a las de su lugar de origen. Si se piensa un poco, el choque cultural entre Los Ángeles y Maremma no debe de ser tan diferente al que se encontraría alguien que viajara desde Los Ángeles hasta un pueblecito rural de la Ámerica profunda. Sin embargo, hay algo en el emigrar a otro país que consigue que uno aprecie el encanto de la vida rural de una manera que resulta imposible en el propio país, donde las costumbres parecidas se consideran sencillamente provincianas y se rechazan. Tal vez sea la magia de esa barrera lingüística y cultural, que no solo consigue que amemos algo, sino también logra que ese algo nos ame, o tal vez sea que  las cosas que nos son cercanas acaban perdiendo su esencia y debemos viajar lo más lejos posible para recuperarla.

Esta falta de originalidad y perspectiva lastra considerablemente el libro, que acaba no siendo más que la enésima reinvención de «Mi familia y otros animales» con todo lo bueno y lo malo que eso supone. Ya va siendo hora de que un urbanita moderno de cualquiera de esos países tan exóticos nos cuente las maravillas de la vida rural del primer mundo. Para variar.

domingo, 22 de mayo de 2011

Rosa Montero - Instrucciones para salvar el mundo


La vida sigue siendo bella y oscura en esta novela donde Rosa Montero retoma sus obsesiones habituales, esa mezcla de maravilla y tragedia salpicada de mujeres pequeñas y vivaces, grandullones amables y los submundos de la ciudad. El resultado es una novela agridulce con una prosa límpida y precisa, que combina tal como suele ser habitual en ella, las proporciones perfectas de modernidad y tradición, poesía y acción para ofrecernos un libro que cuesta despegarnos de las manos sin antes acabarlos. Muy recomendable.

viernes, 20 de mayo de 2011

domingo, 24 de abril de 2011

SUICIDIO


ESTE HOMBRE SE HA SUICIDADO Y YO HE LLORADO POR ÉL

viernes, 15 de abril de 2011

Ni de Eva ni de Adán

Ni de Eva ni de Adán
Amélie Nothomb
Ed. Anagrama. 2009

Han abierto en el centro la biblioteca Iván de Vargas que me está dando grandes momentos lectores últimamente, tantos que no me queda mucho tiempo para escribir. A ver si encuentro el equilibrio. Este libro lo empecé con cierta pereza porque no puedo con la foto de esta señora, con la de la portada, pero aún menos con la de la solapa. Luego empiezas a olvidarte de ella y te centras en esa gran historia de no amor que describe la novela. No tengo mucha idea de francés, pero creo que el título se debería haber traducido mejor como "Ni Eva ni Adán" (he visto en internet que es una expresión hecha allí, para referirse a alguien que es un enigma). La segunda mitad mejora mucho, a partir de la escapada de la protagonista a la montaña... lo que sige es formidable: el viaje a la isla Sado es hilarante, la vuelta a Bélgica es sincera. Y la primera mitad se reparte entre la "guía de curiosidades sobre Japón" (una suerte de Estupor y temblores II, veeeenga hassssta luego) y una descripción un tanto machista de Nimri, ese chico que dan unas ganas locas de mudarse a Tokio a leerle "Hiroshima, mon amour", aunque folle fatal... ¿Follará bien Amélie Nothomb? Tengo mis dudas...

viernes, 18 de febrero de 2011

Málaga, paraíso perdido

Un libro que me recomendaron la otra noche en el Jazz Club, donde se entra con contraseña y se puede fumar:

martes, 1 de febrero de 2011

Esta resaca del resucitar

Rapsodia
Pere Gimferrer
Seix Barral 2011

"En el lote del día van los grajos,
en el graznido de la oscuridad,
torres, troneras, voces de fareros,
el camposanto de la nube rosa:
van con antorchas los encapuchados
como los penitentes de Tourneur
y son mis años estos nazarenos sin rostros,
la procesión de muertos en Sevilla,
tal como Orfeo cae aseteado
en aquel fotograma de Cocteau,
en la noche de clámides impávidas,
Baños del Carmen en el mar de Málaga,
con Darío Carmona y tantos otros idos,
esta resaca del resucitar:
me devuelve la noche con los pecios,
la luz de mandarina magullada,
con la vinaza del atardecer:
en el loto de adobe, en la alcazaba,
en el punzón del canesú del día,
Moraima en las barandas de la sierra,
en la espuela nevada del picacho,
la noche andalusí de tu desnudo,
el vellocino de tu vientre oscuro,
el repertorio de los higos chumbos,
la porcelana del pestañear:
tus párpados, el aire de París,
una pupila de color limón".

F.K.

viernes, 24 de diciembre de 2010

All the king's men

All the king's men
Robert Penn Warren
2007 Penguin Books


"El hijo llega a casa y el padre lo ata bien atado. El viejo (o la vieja, según el caso) no tiene nada que decierle al hijo. Lo único que quiere es que el hijo esté en par de horas en una silla y después se vaya a dormir bajo el mismo techo. Eso no es amor. Y no digo que no exista el amor: sólo me refiero a una cosa que es distinta al amor, pero que a veces recibe el nombre de amor. Puede ser que, sin esto de lo que hablo, el amor no exista, pero esto por sí solo no es amor. Sólo es algo que se lleva en la sangre. Es una especie de codicia de la sangre y es el destino de un hombre. Es aquello que distingue al hombre de los felices animales irracionales. Cuando naces, tu padre y tu madre pierden algo de sí mismos, y harán todo lo posible por recuperarlo. Esa cosa que han perdido eres tú. Saben que no lo pueden recuperar del todo, pero te cogerán el trozo más grande que puedan. Y la típica y entrañable reunión familiar, con el pícnic bajo los alces, se parece mucho a tirarse de cabeza a un acuario lleno de pulpos."

Marry Xmas (if you're not already married)

Fran Kaplan

sábado, 4 de diciembre de 2010

Acidulce

Maldito karma
David Safier
2007. Seix Barral


Una presentadora de la televisión alemana muere golpeada por un retrete procedente de la desintegración de una estación espacial rusa y, a consecuencia de su mal karma, se reencarna en hormiga. David Safier parece seguir al pie de la letra la famosa premisa de Billy Wilder de que «una película debe comenzar con un terremoto y luego ir subiendo» porque a un comienzo impactante le sigue una historia trepidante, tan imaginativa y amena que, después de las primeras páginas, realmente cuesta levantar la vista del papel. Aunque ese ritmo vertiginoso impide prácticamente cualquier profundización o preciosismo literario, el autor consigue instilar en sus personajes una inesperada ternura y lo que en un principio parecía que iba a ser una fábula ácida y corrosiva sobre las consecuencias de nuestros actos acaba convirtiéndose en una historia bienintencionada que deja al lector un buen sabor de boca. Que no es poco.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Excusados no tan inocentes


Como una buena rubia y un más tópico periodista les voy a dar noticia aquí, en mi opening night, de un libro que aún no leí y que puede probablemente no lea nunca. Pero no me cabe duda de que citaré en docenas de ocasiones, sobre todo en conversaciones con sospechosos habituales de este blog, la tesis principal que mantiene la sociológa Sheila L. Cavanagh en su nuevo trabajo titulado “Queering Bathrooms: Gender, Sexuality, and the Hygienic Imagination” (University of Toronto Press, 2010). Estudios de campo en cuartos de baño: la fenomenología hecha Academia, o lo que es lo mismo, cómo sacar partida doble de tus noches de farra y aumentar así tu experiencia investigadora mientras aguardas las colas de los meaderos nocturnos. Para cagarse.

Bueno, por expeler de una sola porción la tesis de la autora, en resumen la profesora sostiene que las comunidades gay, lésbicas, bisexuales y transexuales, además de quienes basculan entre unas y otras depende de la noche cerrada de los sueños, han de afrontar con soltura y cierta incomodidad la imposición de una norma social excluyente (otra más) cuando les entran ganas de dar de cuerpo aguas mayores y menores. Porque claro, para otras cuestiones o apretones, uno nunca repara en donde se mete.

La buena mujer parece haber obrado una explicación de cómo la separación heteronormativa –esta palabra la usa para darse un baño de cientificismo- de los baños públicos, impuesta social y subrepticiamente por toda esa plétora de iconos colgantes en las puertas de los servicios (pipas humeantes, sombreros cordobeses, siluetas de Fred Astaire, símbolos del círculo y la flecha, para ellos; polisones, abanicos, Ginger Rogers acartonadas y círculos con cruces para ellas), no son sino flechas y cruces hirientes para quienes no se ajustan a esas divisiones tan dicotómicas. O sea, que desde que uno aprende a mear solo, y ya no entra con su madre donde a ella le parece, estas puertas crean ya un cierto reparo a la psique de muchas personas de las grandes ciudades de USA and Canadá. 

Al parecer, el libro se recrea en ofrecer fórmulas más imaginativas para el diseño inclusivo de posibles baños públicos. Espero que vayan más allá de la manida sitcom que originaba el cuartito común de “Ally McBeal”, que en la televisión española sólo se atrevió a importar la versión cañí de “Betty la fea”. Pero yo no puedo dar ideas de cómo han de ser estos baños, porque aún no me aclaro de cómo ni cuándo voy a reformar el mío (me han invitado a una fiesta privada de inauguración de baño, a ver si tomo ideas, además de buscar el papel, actividad furtiva que siempre me persigue cuando voy de visita y me voy de bareta o de baretos). A mí la “Hygienic Imagination” sólo me da para elucubrar, hogareñamente hablando, sobre cuándo me tocará cambiar la bombona.  

Con independencia de que la tesis, la metodología, las muestras y las conclusiones de Cavanagh sean o no dignas de ser tenidas en cuenta (o sea, una cagada), el tema en cuestión  de los gregarios lugares públicos de aseo es bastante sugerente. ¿Quién no se acuerda de los semáforos de cartulina que se exhibían junto a la puerta de la clase en el colegio, para dar cuenta de si alguien andaba por allí aliviándose? ¿Quién no se ha sentido amenazado por no saber qué se puede encontrar en un baño? ¿Quiénes no han usado los retretes como escenarios de escarceos y estrenos amatorios o románticos? Si las letrinas hablaran, ¿hablarían en prosa o en verso? ¿Por qué un compañero de mi trabajo se escandalizó al tener que compartir excusado con las compañeras? ¿Ha de sentirse uno culpable cuando en un bar no encuentra a las claras el lugar que supuestamente le corresponde para dar rienda suelta a sus excrecencias? ¿Por qué hay baños públicos con llave y otros solicitan consumiciones o impuestos revolucionarios para el orín? ¿Es más humillante que te pillen con los pantalones bajados, sentado a la taza, o pillar a alguien en esa misma pose? No sé, esta autora, buscando su trono, me ha hecho recordar grandes momentos de mi vida asociados a cuartos de baño públicos. No es que sea George Michael, no crean. Pero soy de los que nunca repara en heteronormatividades cuando llega la hora de dar de mí.

Un último excretor: para festejar el lanzamiento del libro y el incremento de los sexenios sexuales de la investigadora, los editores organizaron con la autora y unos amigos suyos DJ´s y fotógrafos una ruta por baños públicos de Toronto. Fue a finales de octubre, chicos, llegamos tarde. Pero se ve que con tal de aumentar su expediente no se constriñe nadagh la Cavanagh. 

En fin, zurrapa somos, en zurrapa nos convertiremos, y por los retretes donde entremos nos encontraremos y nos retrataremos. 

EL MERODEADOR

jueves, 4 de noviembre de 2010

POEMAS PARA LOS HOMBRES QUE SUEÑAN CON LOLITA

COME ON GIRLS!!
Do you believe in love? Cos' I got something to say about it and it goes something like this...;-)

Sí, así es como yo inauguro este blog, con esta ambición, poder y determinación que tenéis que tener las que queréis ser rubias y pertenecer de verdad a este blog. Porque aquí...la única rubia de verdad soy yo.
La más rubia de todas las rubias, la más lolita de todas, soy yo.

Aparte de esto, hay algo que necesita este blog que no veo y que puede acabar con su existencia de forma inminente. Y es sensualidad (la rubia de la portada de al lado es puramente SEXUAL, que me parece bien también). Una buena rubia tiene que tener mucha sensualidad para serlo de verdad.Este blog tiene que ser un grito de autoafirmación de lo que significa ser rubia y leer como una rubia de verdad. Y esto es lo que tiene una Lolita: sensualidad e inocencia fingida. Y de lo que habla la autora Kim Morrisey que cita Camille Paglia en su libro "Vamps and Tramps. Más alla del feminismo" (que os recomiendo a las que queráis enfrentaros a una lectura beligerante, agresiva pero tremendamente sincera).

Según ella "quiere que la gente nunca más pueda volver a decir la palabra "Lolita" diciéndola de la misma forma tópica"...mezclándolo con un ingrediente incestuoso. Este es un trozo de sus poemas....

(Imégenes semioníricas de una muchacha en un columpio se superponen a su cara, acompañadas de gritos distorsionados en un patio).
"Padrastro, en algún lugar entre la oscura mancha sobre los azulejos y las toallas amontonadas en la parte de atrás del lavabo, dejas tu maletín. Puedo marcharme si quiero. Hoy me estás dejando elegir. Veo mi cabeza girar en el espejo, el pelo fino echado hacia atrás con los dedos, atado en el nacimiento de mi cuello como un arco, saboreo tu pelo en el fondo de mi garganta, cables tensos sobre la punta de mi lengua. Hoy es el día que tomamos las decisiones. Tú o la familia adoptiva. Tú o la silla".

Y esto sólo para abrir boca.Volveré. Con la misma determinación  de ahora, algo que nosotras, RUBIAS, tenemos que tener.

Para finalizar, un documento visual de la "ambición rubia" y un grito desesperado a este blog para que no tenga alma de "acabada". Otro dia hablamos de su libro "Sex" o de Lady Di. Besos cariñosos a todas:

http://www.youtube.com/watch?v=QbHDhEiVt6M

Chendo Superstar

¿Autojustificación sincera o falsa modestia?

Elvira Lindo (Cádiz, 1962) ha publicado en el 2010 un libro, Lo que me queda por vivir, que probablemente llevaba madurando desde hacía mucho tiempo. En su promoción ha reconocido que es el que más miedo le ha dado escribir y, sobre todo, entregar al público. Y no es de extrañar, siempre es duro exponerse. Pero con cuarenta y ocho años las cosas deben verse de otra manera y tras recibir el beneplácito de su marido, hijo (co-protagonista de la obra) y de ciertas amistades, se ha atrevido.
Aviso para navegantes: este libro te gustará si ya te gusta Elvira, así de simple. Dejando de lado la polémica sobre sus posibles rasgos autobiográficos (obvios, por otra parte) o su vertiente autoficcional (estilo todavía no muy bien visto en este país), resultaría bastante simple criticarle la cobardía de no asumir más allá de lo políticamente correcto las referencias personales que plagan el libro. En su derecho está, ya sea por querer proteger la intimidad de conocidos y personas de su entorno o simplemente por protegerse a ella misma. En este sentido, más meritorio es descargar sobre el lector confesiones de calado, sean suyas, depositadas en ella desde la confianza o captadas en otras relaciones sociales:
“Cómo se hace para pedir ayuda, para contarle a alguien que un desgarro interior no te deja dormir, cómo se llega a comprender que hay amores que han caducado, que prolongarlos es pudrirlos, cómo aprende uno a defenderse, a tener dignidad y no desear la compañía de quien sabes de antemano que te destruye, cómo distinguir entre amor y obsesión, por qué luchar por lo que ya no te pertenece, cómo se hace para estar triste sin humildad, cómo aprender a comportarse correctamente, de tal manera que no tengas que pasar la vida rumiando errores que duelen más que por su gravedad por la cantidad de veces que los has repetido”.
Comentamos al hilo de esta cita varios aspectos del libro. Primero, el estilo de Elvira a veces flaquea, es cierto. Puede llegar a sonrojar, también. Excelente a la hora de captar las voces que pueblan este país, como en las películas corales españolas que tanto defiende, la autora sigue sin encontrar una suya propia que quede bien definida, con escasos hallazgos estilísticos, cierto abuso de algunos lugares comunes y titubeos entre la óptica infantil, juvenil y adulta. Sin embargo, está en el buen camino, y pronto logrará distanciarse lo justo de su tono de comentarista jocosa en radio y columnas de prensa, de su gravedad exagerada en asuntos que lo requieren, de su estudiada superficialidad de novelas para adolescentes y otras publicaciones, para poder desarrollar un estilo que se ajuste a este tipo de contenido.
En segundo lugar, hay que destacar en la obra el proceso de redención que Elvira experimenta y ha tenido la generosidad de compartir. Este proceso es múltiple y atañe a muchas dimensiones personales, desde la relación con sus raíces en un pueblo de personajes cercanos y a la vez extraños (como el muy interesante retrato de la tía solterona) y su estigma de incomprendida (demasiado moderna para el pueblo, demasiado cateta para la ciudad) hasta  su continuo sentimiento de culpa respecto a una maternidad mal llevada: “Las madres, las otras, no cantaban canciones tristes que el niño aprendía como si fueran melodías infantiles pero que inoculaban en su corazón infantil un poso de melancolía que le habría de acompañar siempre. Las madres no le cantaban al niño Cuesta abajo, aquella canción del hombre que daba tanta pena porque tenía voz de muerto”.
En tercer lugar, y es aquí donde el libro puede tener cierto tufillo a falsa modestia, Elvira se deja seducir por la ilusión de la autojusticación. Si bien nos avisa (“Tengo la poco aconsejable costumbre de juzgarme muy duramente, de hurgar en lo que me produce desconsuelo”), no logramos evitar ver cierta falsedad en la explicación de unas malas decisiones con los hombres, el trabajo, la educación de un hijo, etc. que, al final, terminan bien. O no tan bien. Pero así es la vida, ¿no?
Se agradece, por otro lado, que toda esta explicación personal se nos haga llegar con una mueca de humor (“Mi padre siempre dijo que yo atraía el dinero […] tal vez no demasiado dinero, pero sí el suficiente para no tener que preocuparme por él”) o desde la intimidad del corazón (sobre todo en el análisis de las relaciones amorosas: “Yo era como una adolescente que se enfrenta a un aborto en solitario, tan torpe que no ha sabido granjearse la compañía de una amiga cómplice. Sólo contaba con un hombre que en esos momentos fumaba en la calle, incapaz de superar su despecho de la misma manera en que yo había sido incapaz de reconocerle como mi pareja”). Sin embargo, en esto reside la mayor virtud de esta obra de transición en la producción de la escritora, en la valentía, a la que no ha dado nada de bombo, de habernos abierto una ventana a un universo personal que nos puede gustar más o menos, pero que al menos posee la riqueza de la complejidad emocional de toda persona y que servirá puntualmente como justa catarsis para algunos. De ahí que se le perdone esta cierta falsa modestia, porque al final, su hijo, el eje que vertebra unos años de desarrollo personal que sirven para crear una imagen cercana de Elvira (y advertimos que se abstengan de leer el libro aquellos que busquen el enésimo retrato manido de los ochenta madrileños), termina encandilando, gracias a su carácter pero, sobre todo, al cobijo existencial que esta mujer frágil y confundida le va dando. Y como ejemplo, aunque el capítulo favorito de la autora sea El huevo Kínder, valga esta cita hacia el final del último, uno de los muchos recuerdos de las soledades de la madre y el hijo:
“Llegaría septiembre, con su renovada energía escolar y la melancolía de los últimos días amarillos del verano, y tras ir a los almacenes para comprar el nuevo babi, la mochila y los lápices de niño parvulario, volveríamos a casa, con la mano en la frente para impedir que un viento violento e inesperado nos metiera la arena del parquecillo en los ojos. Mi falda se hincharía como un globo y, luego, la fuerza del aire la subiría para arriba como un paraguas vuelto del revés. Y entonces descubriría en los ojos del niño qué es lo que ocurre cuando en una mente, que aún bascula entre lo mágico y lo real, se presenta el temor de que su madre sea arrancada de la tierra y se aleje en el cielo hasta desaparecer, como el globo que se le escapa a uno de la mano”.
Lectura para fans, pero también para nuevos lectores capaces de acercarse a ella sin mucho prejuicio.
Adolfo Sánchez

viernes, 29 de octubre de 2010

El placer del viajero. Ian McEwan

Todos los libros ambientados en Venecia parecen impregnarse del aúrea decadente y romántica de la ciudad, y El placer del viajero lo hace para sorprender con un final que obliga a evaluar toda la obra desde una perspectiva diferente. Sin embargo, es cierto que hay pistas de lo que va a ocurrir, como en la segunda cita de El placer del viajero: "Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comodidad familiar de la casa y de los amigos. Se está en continuo desequilibrio. Nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo, y todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad." Quien haya leído completo esta cita ya habrá leído lo mejor del libro, y es que entre Pavese y McEwan, no hay color, qué quieren que les diga. Es una novelita (corta, como a mí me gustan) con oficio, que retrata algún personaje interesante, pero... la prosa no denota nada de particular, no hay grandes diálogos (más bien pobres), los temas que se tratan se hacen peor que en otros casos similares, y la carga de profundidad que encierra el libro, los mensajes subliminales que dejan en la mente de quien la lee, me parecen muy poco cristianos (en el buen sentido de la palabra), claro, lo de "con lo bien se está en casita" (que es lo que dice Pavese con mejores palabras), y "no te fies de los desconocidos que te inviten a su casa". Lo mejor de El placer del viajero es el precio (edición de bolsillo de Anagrama (compactos)), que se lee bien, y que es correcta. Nodras.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Unos superhéroes diferentes

The Authority
Warren Ellis y Bryan Hitch
1999. Norma Editorial.

La premisa de «The Authority» es sencilla pero novedosa: un grupo de superhéroes llega a la conclusión de que, si van a tener que salvar continuamente a la Tierra de todas las catástrofes posibles, tiene que ser por un mundo que merezca la pena, por lo que, aparte de luchar contra los inevitables villanos, también deciden tomar las riendas tanto económicas como políticas del planeta. Patiendo de esta idea básica, los guiones exploran todas las líneas argumentales imaginables para salirse de las tramas habituales en los cómics de superhéroes: naves que vuelan por espacios interdimensionales, evacuaciones de  los habitantes de la Tierra a universos paralelos, saltos a líneas temporales alternativas, etc. Afortunadamente, los superhéroes del grupo tienen suficiente carisma como para inyectar vida a unas historias tan apocalípticas como alucinógenas. Aunque resulta inevitable encontrar ciertos paralelismos con otros héroes de la Marvel, principalmente la Patrulla X, es innegable el esfuerzo realizado para aportar elementos novedosos. Entre los hallazgos más curiosos, resulta particularmente sorprendente que la mayor parte del peso romántico recaiga sobre una pareja de superhéroes gays: Apollo y Midnighter, que a lo largo de las historias se casan y hasta adoptan a una niña. Apollo viene a ser como un surfista californiano, bronceado y con melena rubia que, cómo no, recibe sus poderes del sol. Como contrapunto, salvaje, oscuro y carismático, Midnighter es el nuevo Lobezno y la popularidad que ha conseguido le ha permitido protagonizar su propia serie de cómics. Tal vez «The Authority» no desarrolle todo el potencial de las ideas que plantea, pero supone una ráfaga de aire fresco y, aunque sólo sea por eso, merece la pena pasar unas tardes acompañando a estos héroes tan particulares.


J. Granada

martes, 26 de octubre de 2010

Y hoy, una revista.

Salgo del gim de ponerme las tetas como una rubia de 15 años, y otra joven rubia, me obsequia con ésta revista, deben estar de promoción porque ya es la segunda vez.
En  fin son las típicas publicaciones para chicos donde podemos ver unas jovencitas estupendas que te ponen palote, consejos de cremas para la cara, las tendencias de moda, los coches, los gadgets para móviles, ordenadores, etc. Ah! y la chica de la portada es la hija de Mick Jagger, joder con lo feo que es el padre como puede nacer una rubia "asin". Yo me plantearía la prueba de paternidad.
Vamos que si os sobran  4,50€ y ganas de ir al kiosko te puedes llevar unos morritos Jagger de infarto.
Salutaciones. Joseph

lunes, 25 de octubre de 2010

NIVEL 26

No hay novela de suspense sin una rubia explosiva.
Anthony E. Zuiker es el creador y productor ejecutivo de la serie de televisión más vista del mundo: CSI.
Nos abre la puerta a un nuevo concepto del miedo. Ha llevado hasta extremos casi inconcebibles los límites de la perversión humana. Y lo ha hecho a través de un personaje, Spweegel,que no responde precisamente al perfil de los asesinos convencionales.
Con el Nivel 26 nace el concepto de la "Digi-novela", ciertos pasajes del libro, tienen escenas dramatizadas a las que el lector puede acceder gratuitamente por medio de la pagina web, una vez obtenida la contraseña y siguiendo las indicaciones de la novela, así refuerza aún más el contenido de lo escrito, ya que puedes ver y poner cara a los personajes.




Parece entretenida llevo solo 43 paginas. Salutaciones desde el planeta Rubias. Joseph